miércoles, 17 de junio de 2009

CARTA A UN HOMBRE...
Te has enamorado de una mujer que no es la tuya. de una mujer que como tú, se siente sola. Porque tiene un alma gemela, porque tiene un amor intenso y pleno, sin destino, porque tiene las manos llenas de caricias suaves y buenas que se le enfrían en la espera de su pareja. La amas con todo tu ser. ella ha despertado ansias dormidad, sueños callados y escondidos, fuerzas incontenibles de vida, de trabajo. Te ha mirado, y su mirada te ha descubierto un hombre nuevo. Por todo eso la amas. Y huyes de tu mujer, la que nunca entró definitivamente en tu alma, la que no tiene suavidad, ni dulzura, ni ternura. La que sólo vibra en la pasión de tus deseos de hombre, la que se olvida que también eres un espìritu, una mente, un alma que ansía otros placeres y necesita otros alimentos. Por eso el amor de la otra te ha poseído y te ciega. Quieres seguirla, quieres dejar todo. Ir de su mano amiga por la vida, andar los caminos solitarios para encontrar los cielos y las flores, que los otros no ven, para vivir juntos y unidos la maravilla de este amor nuevo, impetuoso, creador. No lo hagas, Les hará daño a los dos. Tú tienes ya un destino de padre y esé sí que no puedes olvidarlo. El hombre es dueno de todo, tiene derecho a vivir sus sueños, pero cuando el hombre es padre ha perdido casi la mitad de esos derechos y tiene obligaciones. De amor, de responsabilidad, de presencia junto a los hijos. Por eso debes decirle adiós a esa mujer que es el amor auténtico, si, pero imposible.
El Preso.